Allá en mis años de mozo, y perdonen la distancia…… (Como
dice el “Poema Gaucho”) buscando ayuda “alternativa”, para lo que yo sutilmente
llamaba “una forma errática de beber”, llegué a una Isla, antigua Colonia
Británica del Caribe Este. Esa isla es famosa
por sus brujos. Allí gracias a mis conocimientos del idioma de Shakespeare
concerté una cita con el más famoso (y el más caro) de todos y le dije que “al
parecer” mi forma de beber me estaba causando problemas. El brujo, un Afrodescendiente,
de dos metros de alto y mas o menos lo mismo de ancho, me aseguró que el asunto era que yo “no sabía
beber”, y que él me iba a enseñar a beber desde ese mismo momento, así que lo
primero que hizo el hechicero fue sacar una botella de brandy (?) que tenía en
maceración mezcla de hojas, ramas, tarántulas, una pequeña serpiente y vaya
usted a saber que mas. Empezó sirviendo un trago para mí y otro para él, y así
sucesivamente en su empeño por “enseñarme
a tomar” mientras entre estos “terapéuticos” tragos entablábamos una amena conversación tendiente a arreglar el mundo y
sus alrededores…......... El resto de la experiencia es fácil de imaginar:
Hemos empezamos una parranda que terminó tres días después en la Estación de
Policía local a donde el hechicero y
el hechizado fuimos a parar luego de
haber puesto patas arriba medio poblado por una pelea con yo no recuerdo
quienes. De esa Isla hube de salir con
una cordial “recomendación” policial y migratoria de que no volviera en muchos
años.
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