lunes, 3 de marzo de 2014

Allá en mis años de mozo, y perdonen la distancia…… (Como dice el “Poema Gaucho”) buscando ayuda “alternativa”, para lo que yo sutilmente llamaba “una forma errática de beber”, llegué a una Isla, antigua Colonia Británica del Caribe Este.  Esa isla es famosa por sus brujos. Allí gracias a mis conocimientos del idioma de Shakespeare concerté una cita con el más famoso (y el más caro) de todos y le dije que “al parecer” mi forma de beber me estaba causando problemas. El brujo, un Afrodescendiente, de dos metros de alto y mas o menos lo mismo de ancho,  me aseguró que el asunto era que yo “no sabía beber”, y que él me iba a enseñar a beber desde ese mismo momento, así que lo primero que hizo el hechicero fue sacar una botella de brandy (?) que tenía en maceración mezcla de hojas, ramas, tarántulas, una pequeña serpiente y vaya usted a saber que mas. Empezó sirviendo un trago para mí y otro para él, y así sucesivamente en su empeño por  “enseñarme a tomar” mientras entre estos “terapéuticos” tragos entablábamos una amena  conversación tendiente a arreglar el mundo y sus alrededores…......... El resto de la experiencia es fácil de imaginar: Hemos empezamos una parranda que terminó tres días después en la Estación de Policía local a donde el  hechicero y el  hechizado fuimos a parar luego de haber puesto patas arriba medio poblado por una pelea con yo no recuerdo quienes.  De esa Isla hube de salir con una cordial “recomendación” policial y migratoria de que no volviera en muchos años.

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